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jueves, 1 de septiembre de 2011

Indignado

Vivo en Valencia y cuando quiero ir a la playa, si no tengo mucho tiempo, suelo playear en los arenales urbanos de la ciudad, casi siempre en  La Malvarrosa. Este verano hemos tenido visita familiar así que además hemos ejercido de sherpas y salimos con la familia visitante a dar una vuelta por el distrito marítimo,  barrios del Cabanyal-Canyamelar y esa zona. La verdad es que le hierve a uno la sangre de ver lo abandonada y sucia que se encuentra toda esa parte de la ciudad.
la malva(Imagen de http://samuman.blogspot.com/2010/10/viaje-de-estudios.html)

Precisamente he leído esta semana un artículo de Emiliano García, (propietario de la centenaria bodega Casa Montaña dónde estuvimos cenando estupendamente mientras turisteabamos por el marítimo) en el que hace un perfecto análisis de lo que esta ocurriendo: tenemos un diamante turístico en bruto que estamos desaprovechando por completo. Las playas atestadas de turistas (creo que en Italia no quedaba nadie y que estaban todos al sol en "la Malva") mientras que los barrios más próximos  a la playa presentan un aspecto deprimente por el poco interés que hay en no hacer nada que no sea tirarlo a bajo.

Los barrios del Cabañal-Cañamelar, no son solo una zona de sol y playa: el distrito marítimo es uno de los barrios más antiguos de la ciudad y además de contar con una arquitectura única, y una historia propia, conserva tradiciones singulares como la Semana Santa Marinera (a mi no me van las procesiones, pero ahí están).  Pero claro, ¿historia?, ¿cultura?, ¿tradiqueeeé?, lo que mola es llenar la ciudad de hormigón obra del arquitecto de más renombre (de la terra por lo menos) y también molan los grandes eventos

Es sorprendente que una ciudad como Valencia, tan orgullosa de si misma y en el top 5 de ciudades para vistar en 2011 según Lonely Planet, no tenga más soluciones que cortarse un dedo para lucir el anillo que lleva en el otro. Como dice Emiliano en su artículo, la solución actual que pasa por 1.100 expropiaciones de vivienda con las consiguientes indemnizaciones millonarias, parece económicamente inviable en este momento de crisis y ajuste en los presupuestos públicos.  ¿Siginifca eso que nadie va a hacer nada en estos barrios hasta que no haya dinero pera indemnizaciones? Probablemente si.

Quizá sea el momento de plantear nuevas soluciones, buscar una estrategia innovadora, que regenere el barrio y a su vez potencie sus singularidades. En julio, participé en un debate sobre Innovación en el sector del Hábitat  y uno de los participantes, Bruno Sauer, hablaba sobre las profundas diferencias que existían entre España y el resto de Europa a la hora de tratar el urbanismo: mientras allí los proyectos se gestan de abajo a arriba, partiendo de la opinión colectiva, la reflexión pública y el aporte de ideas por parte de los ciudadanos, aquí tenemos la bonita costumbre de que el político-iluminado de turno (llámese alcade, concejal de urbanismo, ministro o similar) aparezca con su idea grandilocuente, el concurso público bajo el brazo y acabemos dilapidando nuestros impuestos en llenar de hormigón buena parte de nuestros pueblos y ciudades. Pero queda muy bonito inaugurarlo, eso si.

Me indignio por los políticos que tenemos y que no son capaces de innovar, de ponerse de acuerdo y de comportarse como personas civilizadas. Por eso y por muchas otras cosas pienso: no les votes.

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